Opinión

¡Falta Danilo en el palacio!

Los peledeistas de New York, principalmente a partir del segundo periodo del doctor Leonel Fernández. Pues en el primero fue una especie de prueba, ya que no había ninguna experiencia en el manejo del estado, nos sentíamos parte del gobierno, aunque no estuviéramos nombrados.

Muchos, ni siquiera buscamos una posición en el mismo, pues teníamos nuestros trabajos en esta ciudad, con todos los beneficios que se consiguen en una sociedad desarrollada como esta, y no íbamos a arriesgar nuestras futuras pensiones, servicios médicos, dentales, etc. Por lo efímero que pudiera ser tener una posición en un gobierno dominicano.

La sensación de que éramos parte del gobierno se debe a que llamábamos a Santo Domingo y nos respondían.

Usted podía resolver un problema de un compañero, un familiar, cualquier ciudadano de a pie, con una simple llamada.  En nuestro caso, desde Nueva York,

No había necesidad, como es ahora, de que, para solucionar cualquier eventualidad, por sencilla que esta sea, hay que ver al presidente de la República.

Teníamos un secretario de la Presidencia que trabajaba 24/7 con los compañeros del partido y de ñapa nos conocía, ¡Hasta por los nombres! Al punto, que, como ejemplo, en una asamblea celebrada en el Comité Intermedio Rafael T. Fernández Domínguez en la avenida Audubon con la calle 182 en Manhattan, donde él era el invitado, luego de su intervención, cuando llegó el tiempo de las preguntas, el compañero no tuvo necesidad de ver la lista con los nombres de los que se apuntaron.

Uno por uno los fue señalando y llamándolos por sus nombres. ¡Hasta por sus apodos! ¡Dígame fulano! ¿Cuál es su pregunta sutanejo? ¿Qué usted quiere saber perencejo? Y así sucesivamente.

Tanto es así, que todavía conservo su número de teléfono. que dicho sea de paso es muy fácil de recordar.  Pues termina en 3333.

Si eso era con una llamada, usted se puede imaginar cuando nos presentábamos personalmente en Santo Domingo.

Si el secretario estaba muy ocupado en palacio, podíamos verlo en sus oficinas particulares.  El lugar no importaba, lo primordial era que resolvía.

Hoy añoramos esos tiempos donde no era necesario ver al presidente de la República.

Sabemos que, viéndolo, se pueden resolver muchos problemas, no solamente de empleos.  Hay ideas, proyectos, sugerencias. Pero el muro es mas impenetrable que el de Berlín.

Como una anécdota final, el presidente Danilo Medina, en su más reciente viaje a esta ciudad de New York, al vernos nos saludó como siempre ¡Hola McCoy!

[i]Luego, un compañero de Pensilvania, todo alborozado, se acercó a mi y me dijo: ¡Coño McCoy, yo vi como el Presiente te saludo! ¡El te conoce! Yo quiero que tu me hagas el favor de conseguirme una cita.

Mi triste respuesta fue: Compañero, yo también quiero una cita con el presidente, desgraciadamente, quien me conoce a mí, no es el presidente, ¡Es Danilo!

FUENTE: http://almomento.net

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