Opinión

San José de Ocoa: año 1944

Por LUIS F. SUBERO

En una crónica aparecida en el año 1944 en la revista Páginas Banilejas, el Prof. José F. Subero nos brinda una radiografía  de la sociedad ocoeña de esa época, aparte de resaltar los orígenes históricos, las luchas y batallas que tuvieron lugar en la región, la producción agrícola de la zona y la veneración y exaltación a los profesores de la época, también expone los proyectos que buscaban mejorar las condiciones de vida de los ocoeños.

Veamos:

 

SAN JOSE DE OCOA

Por José F. Subero.                             

San José de Ocoa  es una población joven. Su fundación data del año 1805, siendo su fundador don Andrés Pimentel Acevedo, joven natural de Matanzas, sección de Baní. Hay en derredor de esta fundación una leyenda pintoresca e interesante (un verdadero romance de amor) publicada desde algún tiempo por quien suscribe.

A petición del delegado don Casimiro Pimentel (hijo del fundador), fue erigida en común allá por el año de 1865. Perteneció a la provincia de Santo Domingo y más luego a petición o a diligencias del General Wenceslao Figuereo, pasó a formar parte de la provincia de Azua.

Está situada, puede decirse, en el corazón mismo de la República, en las intrincadas ramificaciones de la Cordillera Central, sobre una pequeña planicie rodeada por elevadas y verdes montañas,  a unos 1415 pies la parte baja y a unos 1562 pies la parte alta sobre el nivel del mar. Esto en cuanto a la ciudad cabecera de la común.

Los límites de la común son: por el norte Monseñor Nouel y Jarabacoa; por el sur, Baní y Azua; por el este, San Cristóbal y Baní; y por el oeste, Azua, Padre Las Casas y San Juan de la Maguana.

Más de tres millones de tareas cuadradas componen la superficie de la común. Sus tierras, quebradas en su mayoría, son feracísimas y, de ahí su excelencia para el variado cultivo de un sinnúmero de productos tropicales: Su café, papas y maní son de las mejores condiciones; cosecha, además, gran cantidad de habichuelas, maíz, tabaco, cebollas, arroz, cebollines, garbanzos y toda clase de víveres. Son excelentes su suelo y su clima para el cultivo del higo; ya que esta fruta se produce bien. Habiamos  hablado antes de su clima, lo que repetimos hoy:

« San José de Ocoa es el lugar por excelencia para el descanso de todo aquél que las fatigas de un rudo trabajo manual o intelectual hayan cansado sus órganos y debilitado su espíritu.  Por su posición topográfica, es el punto ideal de perspectiva atrayente, de lindos panoramas, de inspiradores crepúsculos; aún  las noches son agradables, porque el ambiente embalsamado con las emanaciones de las plantas olorosas, buscando un abrigo entre los invisibles pliegues del céfiro nocturno, se derraman por los campos gimiendo con dulce melancolía entre las copas de los árboles y el caliz entreabierto de las flores; en esas noches, en que la luna se ausenta del cielo, las estrellas no han de faltar al concilio nocturno y, como multitud de escuadrones por la oscura y dilatada comba del firmamento lanzan sus templadas chispas sobre la sombría tierra, como si buscaran en ella a la fugitiva Reina de la Noche, que no está arriba.»

No obstante sus treinta mil habitantes, San José de Ocoa tiene un grueso comercial considerable. Su producción sobrepasa del millón de pesos y su consumo apenas llega a los quinientos mil pesos. Su fuente principal de riqueza es la agricultura, ayudada en algo con la crianza y la apicultura.  Hay más de doscientas mil tareas de tierra cultivadas y la producción va siendo cada vez mejorada, teniendo en cuenta la efectiva ayuda recibida del Gobierno, ya en implementos agrícolas modernos, ya en buenas semillas, ya en seleccionados sementales. La canción del trabajo es himno que a diario se levanta en nuestras montañas para agradecer a Dios, a la Virgen de Altagracia y a Trujillo, todo el bien recibido.

San José de Ocoa consta de treinticuatro secciones, siendo las más importantes: Rancho Arriba, Arroyo Caña, Nizao, Los Anones, El Deshecho, La Ciénaga, Las Avispas,  Mahoma de Derrumbado, La Boca de Mahoma, El Rosalito, El Rio Abajo, El Higuito, Monte Bonito, El Pinar, Manaclar, Derrumbado, Los Peñas, La Laguna, Palo de Caja, en cuanto a producción y en cuanto a caserío y habitantes: Nizao, Rancho Arriba, Sabana Larga, El Naranjar  y El Pinar. 

La raza predominante en esta común, es la Blanca.

Han sido hijos notables de esta común: Casimiro Pimentel, Alejandro Guerrero, Matías Martínez, Manuel de Lara, Manuel Ma. Mateo, Manuel Casado, Ventura Sánchez y José Diaz, quienes sirvieron con valor y denuedo a la Patria en sus luchas libertadoras; y don Manuel de Js. Cabral, quien tributó sus mejores días por el engrandecimiento de esta región.

El historiador García (*), hablando de la batalla del Memizo, que tuvo lugar el día 13 de abril de 1844, dice: “El Coronel Antonio Duvergé logró rechazar al enemigo desde el “Memizo”, haciendo uso a falta de peltrechos (sic),  hasta del derrumbamiento de grandes piedras, con la cooperación de los Coroneles Felipe Alfau y Cheri Victoria (**) que también tomaron parte en la acción, quedando por consiguiente repuestos el cantón del  “El Portezuelo” y la avanzada  de “La Cañada Cimarrona”, perfectamente cubierto el camino de “La China” y la bandera de la cruz triunfante en todas las comarcas bañadas por las aguas cristalinas del Ocoa (***).

Y, nosotros queremos hacer una rectificación sobre esta pequeña laguna de nuestra Historia Patria, diciendo que ese combate se libró en el Arroyo del Perico; de El Pinar, de esta jurisdicción comunal y, allí estuvieron las tropas manieleras comandadas por el  joven Casimiro Pimentel a las órdenes del Coronel Cheri Victoria.  Que es verdad que los primeros tiros de las avanzadas fueron hechos en el plan de “El Memizo”, ardid del Coronel Antonio Duvergé para atraer a los haitianos a la estrecha cañada donde corre el Arroyo de El Perico y donde de antemano se había amontonado una enorme cantidad de grandes piedras sobre los altos farallones de ambos lados del arroyo, piedras que fueron lanzadas sobre el enemigo, aplástandolo y sembrando la confusión entre sus filas con la caída de la noche. Este dato nos fue referido por testigos oculares, quienes casi imberbes estuvieron en la jornada de ese día y, ellos son Ml. Ma. Mateo y Ventura Sánchez.

Tiene San José de Ocoa una sola vía fácil de comunicación, la carretera “Padre Billini”, la cual, gracias al Benefactor de la Patria, nos comunica cómodamente con el mundo exterior. El estudio de la carretera que nos unirá con el Cibao vía Rancho Arriba-Piedra Blanca, ha sido terminado y se piensa comenzar esa construcción cuanto antes, carretera ésta que no solamente beneficiará muy mucho a esta región, sino que será de una gran finalidad estratégica.

La instrucción pública es satisfactoria. Ha mejorado muy mucho en estos últimos años. Hace sí notable falta la creación de una Escuela Normal, con el fin de que los niños de padres pobres sigan sus estudios  en esta común. Hay más de treinticinco niños, de ambos sexos, que esperan poder ensanchar su saber con estudios superiores.

San José de Ocoa rinde verdadero culto a la memoria de sus maestros idos: don Santiago Guerrero, don William Read, doña Saño, doña Jovita Vda. López, don Ml. De R. Pujol y doña Manuela M. de Sajiun, todos muertos en la paz del señor y reservan respeto y cariño para la señorita  Rosa E. Soto (Mirita) que vive aún en medio de la consideración y estimación de los suyos y extraños. Hay, además,  un elemento dentro del servicio escolar, que para todos nosotros, que tenemos veneración por las cosas de la escuela, es objeto de respeto y amor, por sus treintidos años de servicios como sirvienta de las escuelas graduadas y ella es doña Georgina Balza, persona que tanto los hombres que hoy son padres de familia, como los jovencitos y los pequeñuelos, la llamamos cariñosamente “Mamá Curra” y, por quien se debe tener toda clase de consideración y respeto.  Es anciana ya, pero aún en plena lúcidez y con todas sus facultades, diligente y servicial, de ahí que donde quiera que llegue sea recibida con demostraciones de sentido cariño. Y, bien se lo merece esa brava servidora de constante acción.

La  sociedad ocoeña hoy unida al amparo de esa taumaturga mano del Generalísimo Trujillo, forma un solo bloc de vida y contento.  El Club  “Generalísimo Trujillo” responde al ritmo de la hora.

La iglesia de esta parroquia es uno de los mejores templos del sur, de reciente construcción, terminada gracias a la munificencia del Benefactor de la Patria, quien donó de su propio peculio la suma de cuatro mil pesos.

Hay grandes factorías de café, siendo la de don Héctor Pimentel la mejor del país; el comercio es numeroso; hay varias ebanisterías, muchas barberías y varias sastrerías.

Nuestro honorable Ayuntamiento se mueve en el sentido de dejar terminado nuestro Parque de Recreo antes del centenario y gestiona un empréstito de 50,000 .00 para su acueducto y alambrado eléctrico.

(Páginas Banilejas, No. 37, Págs. 4 y 5, 1944).

(*) Se refiere al historiador José Gabriel García (LFS)

(**) Ambos Coroneles sirvieron posteriormente  a España durante la Guerra de Restauración (1863-1865) (LFS)

(***) Se refiere al Río Ocoa

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JPM

FUENTE: https://almomento.net

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