Opinión

Harari, Covid-19 y una “boda-loca”

De los diez pensadores más influentes del mundo -hoy-, según algunas publicaciones especializadas, el historiador israelís Yuval Noah Harari (una polémica personalidad, pues él mismo genera controversia tanto por lo que expone sobre la historia de la humanidad y su perspectiva actual como por su preferencia sexual y sus posturas frente a la religión y otros relatos), ocupa el lugar número seis. Nada envidiable. Sin embargo, su más reciente libro “21 lecciones para el siglo XXI”, se ocupa “…en el aquí y ahora”. Es decir, no examina el pasado, sino la compleja actualidad –tarea harto difícil; pero, quién mejor que un historiador para explorar y vislumbrar tendencias humanas-factoriales bajo la premisa-presupuesto del camino recorrido por la humanidad-.

Para los que hemos seguido las sagas de sus libros, sabemos que ha construido o condensado la historia de la humanidad a partir de varias rupturas o revoluciones y tres relatos básicos: “que pretendían explicar todo el pasado y predecir el futuro del mundo: el relato fascista, el relato comunista y el relato liberal. La Segunda Guerra Mundial dejó fuera de combate el relato fascista, y desde finales de la década de 1940 hasta finales de la 1980 el mundo se convirtió en un campo de batalla entre dos relatos: el comunista y el liberal. Después, el relato comunista se vino abajo, y el liberal siguió siendo la guía dominante para el pasado humano y el manual indispensable para el futuro del planeta, o eso era lo que le parecía a la élite global”. Pero, en su más reciente libro, Harari, centra su preocupación en que “A la filosofía, a la religión y a la ciencia se les está acebadando el tiempo”, y teme que ese cataclismo o vacío de orientación termine socavando “…el sentido de la vida”.

Por ello, y ante el avance del fenómeno global de la pandemia Coronavirus, Harari apela al valor histórico de la cooperación y plantea, en un artículo -revista-TIME-: “….el primer paso es confiar en la información que entregan médicos y científicos. A partir de esa base los gobiernos deben coordinar el movimiento de pasajeros, de tal forma que se construya un monitoreo trasnacional de viajeros con el fin de se vigile su estado de salud. Y de tener el virus, este sea detectado a tiempo”. Además, afirma “que el aislamiento nacionalista no debe multiplicarse”. Por supuesto, cada país-gobierno, digo yo, debe tomar las medidas más adecuadas a su realidad sanitaria, económica y de frontera.

Claro que, ante esa amenaza global, el que una élite nacional celebre una “boda-loca” -espectáculo internacional- con cientos de invitados nacionales-extranjeros (a todos riesgos de contaminación-propagación del Covid-19) y aspire a ser parte de un anunciado “inminente-gobierno” (pero, ¿y no hay que ganar las elecciones, primero?), es como para pensarlo dos veces… ¿o no?

 

El autor es político y ensayista

 

FUENTE: http://loultimodigital.com

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