Opinión

Una pequeña historia del San Cristóbal romántico

Entonces, la joven ingresa a un convento en busca de arrepentirse de su pecado. Al pasar los años el niño, ya hombre, se convierte en un afamado profesional de la medicina.

La película estuvo muy promocionada en el país y cuando se exhibió en el cine Angelita, de San Cristóbal, motivó en el público expresivas muestras de lamentos, congojas y mucha tristeza. Quejidos, lloriqueos y torrentes de lágrimas fueron vertidos durante y después de la proyección del filme. Como es natural, esto afectó mucho más a la parte femenina de la asistencia. Los hombres, conturbados, y gran parte de ellos escondiendo la mirada nublada para que los demás no percibieran su aflicción, fueron abandonando la sala de manera subrepticia.

Fue la época –amables lectores- del auge de la educación religiosa católica en los colegios y escuelas de nuestro país. Ambiente este propicio para la firma del llamado Concordato entre los gobiernos del Vaticano y el dominicano, en 1954.

En San Cristóbal, esta disciplina espiritual estuvo fomentada por las autoridades educativas y residió principalmente en el Instituto Politécnico Loyola, el Internado de Niñas y Señoritas San Rafael y la Escuela de Formación Magisterial Dr. Américo Lugo. Esta fuerte pasión religiosa del catolicismo también embargó a las otras iglesias cristianas: adventistas, pentecostales, etc.

Fue la época, además, de: asistir a misa cada domingo; confesar y comulgar; ayunar y hacer penitencias; recibir la comunión el primer viernes de cada mes; respetar la Semana Santa y las festividades del Santo Patrón, participar en las procesiones y retiros; celebrar la Navidad con sentido y orden religioso; rezar oraciones antes de cada clase y el Santo Rosario al terminar la labor diaria de la escuela y el hogar; y otras costumbres y actividades religiosas de aquellos tiempos que ustedes. –amables lectores- tendrán a bien recordarme en sus comentarios.

EN SAN CRISTOBAL

Entonces ocurrió algo en San Cristóbal, nuevo, raro, fuera de lo normal, extraordinario. Algunas de nuestras jóvenes se identificaron plenamente con el sufrimiento y el proceder de la joven madre de la película y a imitación de ella decidieron reorientar sus vidas e ingresar a claustros y conventos de formación de monjas y religiosas, para llevar vida monástica de abstinencia y ayuda para servicio de los más débiles y necesitados.

Si hoy ésto nos parece increíble o inaudito, y la evolución de la humanidad tiene casos inexplicables, también en esos tiempos de los cuales hablamos, los primeros años del decenio de los 50, la práctica de la autoflagelación y el ayuno voluntario, nos parecieron costumbres medievales innecesarias, pero que fueron de uso común y no causaron extrañezas en las décadas anteriores a la del 1950, cuando se aplicaron.

Señalo ahora los nombres de las jóvenes de mi pueblo que puedo recordar y que tomaron el citado camino, a sabiendas de que son más, pero para esto último requiero la cooperación de personas conocedoras de este tema para que, como siempre señalo, nos ayuden a enriquecer este esfuerzo pensando en las generaciones actuales y futuras.

Dichas jóvenes fueron: Altagracia Nina Rivera; Anny Roig Mercedes; Carmelita Lachapelle Suero; Emma Valette Pereyra; Mery Guerrero; Zamira García Duvergé; Violeta Fourment Uribe; Olga Nina; María Valdéz (hermana de la profesora Chea Valdéz de Brito); Mercedes Ramírez (hija del reparador de gomas don José Ramírez y hermana de Elena, Ana, Librada, etc.). Estas dos últimas sí se convirtieron en monjas, aunque las primeras retornaron a sus vidas anteriores al paso de poco tiempo.

El apasionamiento religioso resultó menor entre los hombres y solamente puedo recordar tres casos; mejor dicho, dos importantes y otro de menor relevancia. El hoy médico veterinario William Medrano Ruíz y el profesor de francés Carlitos García Duvergé, son los primeros dos y el tercero lo fue Efraín Castillo Arredondo, quien llegó a vestirse con negra sotana de aprendiz aunque permaneció por muy corto tiempo en el seminario al cual se acogió.

(He dedicado estas añoranzas a mis queridas parientes y amigas Blanquita Barinas Uribe; Zamira García Duvergé y Olga Uribe Corporán de Martínez).

JPM

FUENTE: https://almomento.net

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