Política

La “Banda de los cuatro” y Mao Tse-Tung

Decía un gran filósofo –que ahora no recuerdo su nombre- que las mujeres tenían una iniciación, cuasi natural, a la sabiduría y una intrínseca aptitud para la administración. Confirma esas dos premisas la historia universal que registra a la mujer como partera de la agricultura y artífice de una sutil fascinación por el poder.

La Revolución China hizo fama por la dureza-hazaña de su líder y guía, Mao Tse-Tung; pero además, por su Revolución Cultural (una suerte de purga-guillotina política-ideológica) cuya cabeza -más visible-ejecutora- era la esposa del líder chino, Jiang Qing, que, “patrocinada por Mao”, conformó lo que el mundo conoció con el eufemismo satánico de la “Banda de los cuatro”. Esa Banda, a la muerte de Mao (1976), terminó siendo procesada por ser culpables de “…crímenes y abusos cometidos”.

Traigo el funesto símil a cuento, porque mientras fui docente llegué, en los años 80, a un “centro educativo” cuya primera impresión, a vuelo de pájaro, era que había llegado a cualquier sitio menos a un centro de enseñanza. Lo digo-recuerdo, porque en la primera asamblea que participé me enteré, incrédulo y perplejo, que un profesor convidaba, a las alumnas de sus clases, a su casa. Tal situación, a todas luces, indebida, irregular y reprochable, la sancioné en el acto. Luego supe que, el susodicho profesor, fue sancionado y transferido.

Pero la cosa no paraba ahí en aquel “centro educativo”, pues después escuché –y se comprobó- que en las oficinas administrativas operaba una banda de “funcionarios administrativos” que vendía y traficaba con certificaciones y venta de enseres domésticos a préstamos e intereses de usura. Agravaba el cuadro, el hecho, altamente cuestionable, que esos “funcionarios” operaban, nada más y nada menos, bajo las directrices solapada del “director” de aquel no ya centro educativo, sino centro de delincuencia y de negocios clandestinos, que, ya estando allí y con responsabilidades docentes, un grupo de profesores nos dimos la responsabilidad de enfrentar y denunciar, a los fines de ponerle coto, a aquella aberración-degradación que rayaba en la negación absoluta y abominable de cualquier visos de centro de enseñanza.

Al final, el caso se cerró en la más absoluta discrecionalidad: se logró expulsar al “director” –vía un salvo conducto imprevisto- y sus cuatro lugartenientes fueron puestos en retiro y sindicado, junto con su jefe y al más alto nivel, como la Banda de los cinco.

Tiempo después –cuando ya yo no estaba en el centro- me enteré que aquel “centro educativo” no solo fue usado, bajo aquella Banda, para actos que reñían con la ética, la moral y el reguardo de la integridad física y moral de sus estudiantes, sino también, como punto-contacto de perversidad al estilo de las ciudades de “Sodoma y Gomorra” que recrea la biblia.

FUENTE: http://loultimodigital.com

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