Opinión

EE.UU: Confrontación entre “Globalistas” y Chauvinistas-Neonazis… ¿Qué esperar de Biden¨?

La decadencia de la hegemonía de de EE.UU a nivel internacional es cada vez más evidente y en tanto esa superpotencia es el centro del Imperialismo Occidental y de una civilización capitalista en crisis mayor, esa realidad marca una persistente tendencia a la decadencia de todo el sistema de dominación.

La crisis interna del Coloso del Norte -agravada en el contexto de la COVID 19 y del convulsivo y degradante proceso electoral de noviembre 2020- es inocultable.

Ambos fenómenos se retroalimentan y determinan una profunda fractura al interior de las elites capitalistas que han dominado ese imperio, el capital, el dinero, el país y gran parte del mundo; expresándose con fuertes estremecimientos y rupturas a lo interno (en el seno del Poder Federal y en los vínculos entre los Estados y la Unión) y con una declinación de su poderío a lo externo de su fronteras (Sistema Global Transnacional), que a su vez motiva una mayor agresividad contra quienes adversan sus ambiciones  y sus acciones por el control de las riquezas de la Madre Tierra.

Esto se presenta en el contexto de una voracidad, de un afán de concentración de riquezas y un despliegue de violencias irrefrenables, que desgarran cada vez más las entrañas de un poder estatal-empresarial irreconciliablemente dividido y que amenaza la estabilidad de EE.UU como suma de Estados, al mismo tiempo que erosiona la existencia del planeta y la vida de una gran parte de la humanidad.

Al daño a segundos y terceros se le agrega una pelea “a muerte” entre facciones con recetas opuestas para contrarrestar su inexorable decadencia como Imperio.

·         DOS FACCIONES PODEROSAS  FRACCIONAN LA UNIÓN.

La cuestión rebasa las diferencias tradicionales entre “demócratas” y “republicanos”. También rebasa el pleito Trump-Biden por la silla presidencial. En los hechos esa pugna le pasa por encima incluso al tema de quien se va y quien puede llegar a la Casa Blanca, y de cuan legítimas o tramposas son las votaciones de uno u otro bando.

Partidos y candidatos son instrumentos de dos facciones del gran capital, de corporaciones y estructuras más permanentes y con mayor raigambre económica, social, militar e ideológica.

Una gravita más en el Partido Demócrata y otra en el Republicano, pero las dos influyen en los dos partidos y actúan por cuenta propia en las instituciones electivas, en el poder corporativo empresarial, en el PENTAGONO, la CÍA y el Complejo Militar-Industrial-Financiero.

El general francés Dominique Delawarde, con vasta experiencia en la OTAN y actualmente dedicado al análisis del proceso estadounidense, describe así este nuevo fenómeno:

“Desde el fracaso de Hillary Clinton en la elección presidencial de 2016, Estados Unidos se ha ‎dividido profundamente en 2 bandos irreconciliables que se detestan y se han enfrascado en una ‎lucha “a muerte”. Al contrario de lo que la gente cree en Francia o en Europa, esos dos bandos ‎no son los bandos republicano y demócrata, que sólo son las partes visibles del iceberg. Los ‎dos bandos a los que yo me refiero tienen dos concepciones opuestas del mundo: son los ‎‎«soberanistas» y los «globalistas». Los representantes de los «globalistas» los hallamos ‎mayoritariamente entre los demócratas, pero también podemos encontrarlos, aunque en menor ‎proporción, entre los republicanos. ‎

El 24 de septiembre de 2019, desde la tribuna de la Asamblea General de la ONU, Donald Trump ‎claramente escogió su bando, expresó su visión del mundo y declaró la guerra a los globalistas…” (Carta del general francés Delawarde ‎sobre la elección presidencial ‎estadounidense- Red Voltaire)

Ciertamente lo de “soberanistas”  y “globalistas” son calificativos demasiado bonitos para lo que representan unos y otros.

En verdad  los llamados “soberanistas” son una expresión facciosa del  «nacionalismo neonazi» estadounidense, que intenta, con enormes dificultades,  volcar partes del poder transnacional de ese país hacia el interior de sus fronteras, a contracorriente de la globalización neoliberal, esto es, de la mundialización del capital.

Que en ese tenor procura aglutinar y fanatizar amplios sectores con un discurso chauvinista, y contrarrestar a la vez el desempleo y el declive económico interno -en tanto perjudican  a la clase obrera blanca afectada por la crisis y desplazada por la masa multicolor de inmigrantes mal pagados- trasladando  parte de los capitales y empresas del exterior hacia el territorio estadounidense, enarbolando la declinante supremacía blanca, endureciendo el racismo y la xenofobia y fomentando todo lo conservador; sin abandonar practicas colonialistas y posiciones alcanzadas en determinadas redes transnacionales.

Los llamados “globalistas” son los gestores y grandes beneficiarios de un poder corporativo transnacional, que se coloca por encima de las naciones, que no tiene patria, que le  pasa por encima a los Estados “nacionales”; constituyéndose en un poder supranacional, que explota a la clase obrera y a los pueblos a escala internacional, que conquista territorio por la fuerza y saquea sus recursos.

Que usa e instrumentaliza a los Estado, al FMI, al BM, al G20 y demás mecanismos multilaterales y multinacionales, que maximiza ganancias al interior de EEUU y fuera de sus fronteras; precarizando los salarios de los trabajadores y trabajadoras y auspiciando la exclusión social y el desempleo sin importarle el color de su piel.

En esa facción, donde imperan una gran parte de las empresas de la industria informática, las grandes cadenas globales de medios de comunicación, las firmas aeroespaciales, farmacéuticas, mineras, los bancos globales, las industrias del complejo militar…se destacan personajes del espectro de los mega-millonarios como Bill Gates, Soros, Rockefeller, Musk,  y los dueños de Facebook, Amazon, Twitter…

A su poder global se le suma una fuerte influencia en el “Estado o Gobierno profundo” que manipula áreas importantes del Estado estadounidense.

·         LAS PERSPECTIVAS POST-ELECTORALES Y  EL DEVENIR DE LA CONFRONTACIÓN.

Ambas dinámicas conducen, a que sin dejar de ser ni una ni la otra cosa, los neofascistas sean más despóticos, menos tolerantes y más represivos hacia el interior de EEUU, y menos guerreristas hacia fuera, que los llamados “globalistas”. Y viceversa.

Obama y Clinton -sustentados por las grandes corporaciones globales- tiraron más bombas, e invadieron más países, mataron más personas en el mundo y retiraron menos tropas que Trump. Esto está registrado en cifras, lo que no disminuye en lo más mínimo  la perversidad de este último en múltiples aspectos.

Y hablando de elecciones los dos son tremendamente tramposos. Pero más allá de los votos populares y de los votos electorales dentro de un sistema profundamente antidemocrático, definidamente oligárquico (encubierto con un manto de cierta tolerancia), los llamado globalistas decidieron impedir a cualquier precio y sin el menor de los escrúpulos, la reelección de Trump, quien no precisamente por loco, pero si por neofascista, se ha erigido en líder de esa corriente y cabeza de una facción de poder que está decidida a explosionar el “establecimiento institucional” y hacerle la “guerra”; comenzando por desacreditar exitosamente el sistema electoral y el poder mediático estadounidense.

Biden fue el escogido para relevar a Trump, con 79 años, enfermo y con serias limitaciones físico-mentales. Pero eso es lo de menos, porque no será él, que en tan difíciles circunstancias, habrá de gobernar esa convulsionada Nación.

Las señales de la subida a la superficie de determinados componentes del “Estado Profundo” pro-globalista, no han tardado en aparecer.

La tercera parte del equipo de transición de Biden -encargado de temas cruciales- proviene del Complejo Militar Industrial.

 Tres estructuras de los llamados “tanques pensantes”: Centro Internacional de Estudios Estratégicos, Corporación Rand y Centro para una Nueva Seguridad Americana.

Cuatro de las principales fábricas de armas: General Dinamic, Ray Theon, Nort Trop Grumam y Lockeed Martin.

Es por eso que con el ascenso de Biden y de los “globalistas” hay que esperar una intensificación de la llamada “guerra global anti-terrorista”, con más capacidad para involucrar a la OTAN y a las potencias aliadas de Europa Occidental en esa perniciosa cruzada.

Habría que esperar más intervenciones agresivas en el Medio Oriente a favor de Israel (Líbano, Palestina, Yemen, Irak, Irán, Siria…) y también en las fronteras con Rusia, el Mar de China y Nuestra América; aunque posiblemente lo de Nuestra América no vaya militarmente  tanto contra Cuba, dado que los cohetes  cubanos llegan a la Florida. Pero vale el alerta respecto al empleo de otros recursos agresivos contra la revolución cubana y, sobre todo, respecto a Venezuela y otros procesos soberanos, donde EEUU podría desplegar nuevas modalidades de la guerra como componente de la política.

 A nivel interno los “globalistas” están presionados y podrían aflojar ciertas cuerdas dadas las características del electorado demócrata, especialmente en lo relativo al racismo, a la cuestión migratoria y a los programas sociales en el contexto de la actual de la pandemia con depresión económica.

 De todas maneras el régimen que presidirá formalmente Biden, aunque cuenta con la mayor parte del poder de facto a nivel transnacional y en el “Estado Profundo” de EE.UU, es más vulnerable  que los anteriores; dadas esa profunda fractura del poder permanente y del sistema institucional, y el alto nivel de acumulación de poder por el trumpismo neofascista en tiempos recientes.

 La nueva Administración tendrá que enfrentar no solo una pandemia en expansión y sin control, y una economía maltrecha, sido además una oposición dentro del sistema institucional y fuera de él, pugnando por erosionarlo aun más y sin reparos respeto a  los efectos que tienden a deslegitimarlo y a desarticularlo.

Al trumpismo, más fortalecido en términos reales y más agresivos que antes –bloqueado institucionalmente y acosado por los grandes medios- solo le queda hacer  uso de la parte del polo electoral y no electoral que representa para subvertir el orden y las circunstancias impuestas por los “globalistas”.

No faltan ya los que desde las filas del neofascismo declaran la necesidad de suspender la Constitución para evitar la “guerra civil”. El general  Michael Flynn, ex-consejero de Trump, está ente este ellos y ahora sus partidarios ocupan cargos relevantes en el Pentágono.

Los hay también que apuestan  al separatismo, desatancándose las fuerzas que en Texas y otros Estados se inclinan por la declarar su independencia de la Unión.

El fantasma de la secesión, siempre latente desde el poder federal constituido, reaparece amenazante en un país donde abundan las armas legalizadas en manos de civiles y está  consagrado su uso para detener imposiciones contrarias a los intereses colectivos, lo que se torna sumamente interpretativo; y donde, además, sus fuerzas militares regulares  y mercenarias lucen bastante divididas.

Ese cuadro indica claramente que ese pleito no termina con la toma de posesión de Biden y la retoma del poder institucional por los globalistas, sino que solo se está iniciando una fase más aguda de una confrontación, que en el mediano plazo, podría generar  acontecimientos desintegradores  parecidos a los que se escenificaron en la Unión Soviética a final del Siglo XX.

Una progresiva y cada vez más tumultuosa decadencia del “Imperio Americano”, que arrastra a sus aliados euro-occidentales, sigue en marcha, lo que habrá de abrirle mayores cauces a los procesos liberadores en su periferia dependiente.

FUENTE: https://noticiassin.com

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